21/04/08

Memorias sabor petalo de rosa con pan tostado y mermelada



Mi abuela, la dama de la historia Mexicana, dejó tras su muerte un sentimiento muy grande de orgullo, de admiración, de gratitud. Ella era única. Pequeñita, flaquitita, con su pelito gris, una apariencia frágil que engañaba a todos ya que esta mujer era una gran señora, con carácter fuerte, inteligencia deslumbrante, y vivacidad como ningún otra. Doña Jose, escritora, madre, historiadora emérita de la UNAM. Abuelita preciosa.

Mi flaquita de pelo gris, que jugaba futbol y tiraba con la pistola de balines de mi hermano (y con un revolver de verdad cuando oía algo extraño en su casa) tuvo una vida impresionante. Hoy, a tres meses de su muerte, recuerdo todos los días una historia distinta que ella vivió y luego me contó con té y galletitas, ya sea en su sala color café y cortinas verdes, o en su jardín con árboles de naranjas amargas y rosales los cuales ella misma planto, y un dia, cuando era yo más chica, me enseño a comer sus petalos.

Recuerdo las mañanas en su casa. Todo olía a café y pan tostado. Al bajar esas grandiosas escaleras de caracol con alfombra roja, alli estaba ella, con su batita y pantunflas, y yo con la mia, nuevecita, porque para ella no podía existir cosa peor que un niño sin bata para bajar a desayunar, y en mi casa no seguían la misma política. Desayunábamos en ese cuartito del ante comedor, el lugar más íntimo de la gran casa. Cálido, con el borboteo del café. La fruta cortada, el pan dulce sobre la mesa, sus tostadas y la mermelada. Me sentaba junto a ella. Junto a ella, la doña despeinada. Mi abuelita.

Recuerdo las clases de catequismo en su salita del "hall" del piso de arriba. Sentadas en el sillon, ella enseñándome los libros para colorear con historias de la biblia. Y entonces vino una de las primeras historias que me acuerdo que ella me haya contado. Un día, mi madre tenía que hacer tarea, y esa tarea consistía en hacer un dibujo de un paisaje feliz. Mi mamá se sintió enferma ese día, y mi abuela, como toda buena madre, hizo la tarea de mi mama para que no la regañaran en la escuela. Al día siguiente mi mamá llegó despues de la escuela furiosa porque le habían puesto cero en el dibujo. Mi abuela no sabía dibujar. Yo tambíen me di cuenta el día de la clase de catequismo cuando trató de rellenar a Moises y lo dejó peor de lo que estaba.

Tengo una memoria muy fuerte de ella como mi segunda madre y quizás la memoria más vieja de todas. Era una de esas noches en las que mis papas iban a salir a cenar. Yo habré tenido unos cinco, seis años, y recuerdo perfectamente estar en los brazos de mi mamá, llorando, con los ojos rojos por haber nadado hooooras en la tina del baño de Jor, con Jor. Alli estaba ella. Al final de esa escalera, con los brazos abiertos y la sonrisa más grande. Y me recibió en sus brazos. Y me cargó a la cama. Y dejé de llorar.

Me acuerdo de la casa de muñecas. Me acuerdo de jugar con ella. Me acuerdo de ser la primera nieta. Me acuerdo de su amor, de sus besos, de sus abrazos. Me acuerdo de sus historias... Me acuerdo de sus ojos azules llenos de vida, y de cerrárselos el día de su muerte.

Ella es la razón por la cual yo soy Lorenza. Ella es una joya, un privilegio. Ella es la fotaleza y la sabiduría. Ella, la mujer que viajó, estudió, y vivió el mundo en una época en la que la mujer era ama de casa. Ella, la tercera mujer en latinoamerica en obtener un doctorado. Ella, la que nunca dejó de ir a la UNAM a seguir investigando sobre las mujeres en la colonia, dandole a este pais información histórica invaluable. Ella, la mujer con más Fe que he conocido en mi vida. Josefina, la que todos los domingos nos hacía de comer y nos recibía en su casa con una enorme sonrisa. Mi abuelita, la que me llevó a Sanborns todos mis cumpleaños a comer pastel.

Empecé escribiendo esto porque quería contar alguna de las memorias que ella me contó a mi, de su vida, de sus aventuras, pero lo que me salió fueron las memorias que ella creó en mi vida, y un poco de lágrimas, todo gracias a su amor. Así trascendió ella en mi. Y ahora la trasciendo a ustedes.

Otro día, cuando se me antoje un petalo de rosa, escribiré

"La vida y andanzas de Josefina Muriel"

5 comentarios:

Escrituraleatoria dijo...

Lore, me gusta mucho este testimonio sobre tu abuela, yo creo que mezcla el elogio con los recuerdos íntimos. Yo también la recuerdo, a Josefina, inteligente, inquieta, apasionante. Me encanta que haya dedicado su vida a investigar sobre las mujeres de la colonia y a darle amor a sus seres cercanos.

afarewelltosilence dijo...

chale mi Loren... acabo de empapar el teclado. te acuerdas cómo le daba de comer pan tostado con mantequilla a sus perros en la mañana?

Atenea Rosado dijo...

Me has hecho sonreír. Gracias. Tu abue seguro era muy bella, como lo que escribiste, como la foto y como el sentimiento que te ha de ver dado esa tarde cuando publicaste la entrada.
Ves, esto de tener un blog no es tan monótono. Una extraña te leyó. Un abrazo.

Lorenza Amigo dijo...

Jor:
Me acuerdo perfecto como le daba de comer pan con mantequilla, y todo lo que sobraba de la comida! Petisha no sabía comer croquetas jaja

Que bonita era ella en su jardin..

Atenea:
Gracias por leer mi blog, y muchísimas gracias por tu comentario, me da mucho gusto haberte sacado una sonrisa! :)

Escrituraleatoria dijo...

Desde la casita de Miriam: mi Loren, mil besos, empapados de lágrimas que me provocó recordar esos días en casa de la Abuela. mami